Cada día que pasa me convenzo mas de organizar un retiro que una fiesta de cumpleaños.

Nunca he sido muy afecto a los cumpleaños, pero a las fiestas si, quienes me conocen no necesitan hacer memoria.

Pero entre mas me acerco a consolidarme como “señor” y dejar de ser “adulto joven” mas me hago a la idea que debo tomarme unas vacaciones conmigo para reflexionar sobre mi mismo, mis gustos, mis deseos, mis expectativas.

Hace mucho que no estoy conmigo mismo, y es que es entendible, en nuestra dinámica diaria siempre estamos acompañados. Lo bueno es que hasta donde sé me caigo bastante bien… últimamente.

Y no se trata de estar solo y experimentar una Epifanía como Willem Dafoe en La última tentación de Cristo, o de ponerme a leer filosofía (que no aplicaré) como monje loco, no, se trata de convivir conmigo.

Hace ya algún tiempo he estado experimentando cambios importantes en mi vida, me gustaría que a partir de los 35 el cerebro dejara de ser tan rumiante y poder lograr algo de paz.

A donde decida ir me llevaré buena música, variada debe ser, desde la insufrible trova (que de suyo tiene mucho) hasta el maravilloso dubstep de James Blake.

Un par de libros ligeros deberán acompañarme, pienso en temas prácticos como sicología del color, comunicación no verbal, algún relato corto y tal vez, solo tal vez algo de poesía.

No puede faltar el quiebre cinematográfico estilo Howard Hughes para acentuar la locura y después como premio un buen vapor, una buena comida y de regreso a casa.

Si es que decido hacer esto les platicaré como me fue, si no…pues haré una pachanga mas.

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