La falta de sentido común


Dotados de razón pero animales al fin, somos una especie mayormente sedentaria, víctimas del frenético ritmo de la vida y de las comodidades que nos atrofian nos dejamos de mover inconscientes del daño que le hacemos a nuestros pulmones que necesitan no sólo aire fresco ¡sino ser utilizados! haciendo lo que en la era moderna conocemos como ejercicio pero que en el pasado no muy lejano era parte inherente de la vida diaria en la que nuestros tatarabuelos obtenían sus alimentos de la tierra y sin procesos y no de un congelador dentro de un supermercado.

La costumbre de dar un paseo después de comer se perdió antes de que yo creciera y el barrer nuestras banquetas es una buena costumbre que hoy muy pocos observan.

No es nostalgia por un pasado que no viví sino conciencia del espacio público y de la necesidad de contar con espacios libres de contaminación de cualquier tipo: humo, ruido o basura; dotados de árboles que no sólo combatan y restauren el daño que las máquinas ocasionan a nuestro entorno sino que nos permitan a quienes vivimos en la ciudad tener una oportunidad de estar en contacto con la Madre naturaleza.

Si fuéramos conscientes de lo que respiramos estaríamos recogiendo todos con urgencia la materia fecal de perro que se encuentra en toda la ciudad y que al secarse se pulveriza mezclándose con el aire que respiramos convirtiéndose en alergias, por decir lo menos.

Nos comparamos con Suiza mientras nos burlamos de nosotros mismos cuando podríamos estar limpiando nuestra banqueta.

Alejamos la vista de nuestro espacio público como apartamos la vista del espejo, pensamos: “ése es tema de otro porque mío no es“

¡sin embargo lo es!

Sí es mi tema la banqueta que tengo fuera de mi domicilio y de mi lugar de trabajo y si la autoridad ha fallado y la calle está sucia ¡es mi calle! y por eso recojo la basura que otros han tirado, ya que el que la autoridad no cumpla con su obligación no es razón para que yo renuncie a mi responsabilidad como ciudadano y vecino responsable y cuidadoso de la ciudad en la que vivo, en la que trabajo y que da sustento, techo, educación y lo es todo para mi familia y para mi, como para ti.

Actuamos como si el voltear la mirada e ignorar lo sucia que está la calle fuese una protesta en contra del mal gobierno, una protesta que más bien suena a escupir para arriba porque no soluciona nada.

Considero que una ciudad limpia es una ciudad más eficiente, cuyos espacios públicos privilegian al peatón y permiten a la comunidad avanzar en su quehacer, sin la deprimente y peligrosa presencia de excremento y basura en cada calle, en cada plaza; una ciudad limpia es una ciudad que invita a caminarla, a recorrerla en bicicleta, a pasear conociéndola, haciendo uso del espacio público para nunca cederlo a la contaminación de ningún tipo.

Si realmente respiráramos y nos diéramos la oportunidad de parar un momento a vernos, a analizarnos, entonces entenderíamos cuánto nos hace falta utilizar nuestros brazos, mismos que nunca colocamos hacia arriba porque como dice mi amigo Cristian Wolff, hemos dejado de escalar para alimentarnos, tenemos graves problemas de espalda porque hemos dejado de sentarnos en el piso, la vida moderna nos está matando, las comodidades nos están matando, el sofá, la tv, el cel, el streaming, nos están matando, hemos dejado de vivir para sólo sobrevivir.

Desde que perdimos el contacto con el sacrificio animal nuestro consumo de carne se hizo obsceno, insultante, cancerígeno.

Inconscientes del valor de la vida y de la muerte, alejados de su misterio por nuestro propio pie nos convertimos en profanos del equilibrio y ahora nos saciamos en insignificantes festines cuyo plato principal es un corte americano de algún joven animal empapelado de oro mientras SaltBae lo baña de sal frente a nuestros celulares.

Un animal que no no hemos visto sacrificar es un animal más fácil de degustar -cuando somos inconscientes-.

Considero que una ciudad limpia es reflejo de sus habitantes, de su estado de salud, de sus condiciones mentales, económicas y de todo tipo, una ciudad limpia, ordenada y sin ruido es reflejo de una ciudadanía exigente, informada y participativa así como de un gobierno profesional, honesto y eficiente en todos los niveles, a fin de cuentas todos vivimos aquí.

Deja una respuesta

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.