EL MEJOR VIDEOJUEGO DEL MUNDO


El mejor videojuego del mundo se encuentra en el agua, está dentro de la alberca, ahí, como en los mejores simuladores de realidad virtual, debes utilizar tus extremidades, tu mente y tus sentidos para alcanzar la meta.

Al llegar a casa me asaltó un pensamiento similar al ver a uno de mis hijos jugar frente a la pantalla una simulación del tennis en donde mi pequeño se movía muy poco y torpemente agitando un brazo, el control del dispositivo sustituyó a una raqueta de verdad, las dimensiones de la cancha en donde se practica una extenuante actividad física había sido cambiada por el pequeño espacio entre la pantalla de TV de mi habitación y nuestra cama y mi hijo, naturalmente, sólo movía un brazo dando dos o tres medios pasos.

No entiendo mucho las contradicciones de este tiempo, preferimos enviar un mensaje de texto o audio a través de nuestros dispositivos diseñados para hablar interactuando incluso por videollamada, nos atraen los videojuegos que emulan tristemente una realidad que no existe y que nos separa de la actividad física, maravillosa, extenuante y reconfortante.

¿Cuál es la necesidad de abstraernos de la realidad material y meternos en la realidad virtual?

Por supuesto que es mucho más sencillo colocarse un traje inmersivo en realidad virtual, acostarse de panza en una cámara simuladora y creer que se nada sin el menor esfuerzo pero ¿qué caso tiene? ¿dónde está la diversión en ello? respirar y sentir que el oxígeno hace su tarea, batallar y cumplir con un día más de entrenamiento no es un juego sino una disciplina que crea hábitos.

Nada más triste que un niño con un celular, la mirada clavada en la pantalla y ausente del derecho a jugar con tierra, a correr y a que sus pulmones y músculos se llenen del poco aire puro que nos queda, nada más triste que sus padres sigan absortos y confiados en esa supuesta niñera digital.

El mejor videojuego del mundo se vive en el deporte, cuando, a través de la repetición, nos damos cuenta de nuestras flaquezas y fortalezas, cuando en vez de engañar a nuestros cerebros con sonidos y estrellitas como recompensa nos decimos a nosotros mismos: venga, la recompensa es la satisfacción de haberte movido hoy, evitar no hacer nada y dominar el conflicto interno con la ayuda de la actividad física.

¡Pero no tengo tiempo! no lo necesitas, adáptate, quiebra la actividad, fragméntala, yo me tomo 20 minutos exactos para correr antes de comenzar el día, con lapsos de 2 minutos trotando y 1 minuto corriendo, medito de 5 a 15 minutos y cuando es fin de semana me doy el lujo de hacerlo durante 20 minutos y la cereza en el pastel son los casi 70 minutos que me toma el trasladarme a la Unidad Deportiva de Torreón, entrar a la alberca, entrenar, salir y estar listo para lo que sigue, cuando se puede y cuando no, pues corro otros 20 minutos por la tarde.

Es increíble el beneficio que 20 minutos le dan a nuestro cuerpo, pero es impresionante el cambio si se hace rutinariamente.

Anímate, hace apenas una década mi peso excedía los 105 kilos, mi filosofía consistía principalmente en emborracharme los fines de semana y no tener un objetivo a corto, mediano o largo plazo y mis niveles de colesterol, triglicéridos, glucosa y un largo etcétera eran los de un sedentario de 50 años a punto de sufrir un infarto.

Me prometí nunca más subir una escalera agitado por mi culpa y lo seguiré cumpliendo…

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