ESTADO DE ALERTA Y AGOTAMIENTO; CONSECUENCIAS Y EFECTOS DE LAS NOTIFICACIONES EN TU CELULAR


Abro los ojos, deben ser las 4 de la mañana con unos minutos, tal vez quince o veinte sobre la hora, se que debo dormir más y me obligo a hacerlo, la tentación de coger el celular y checar la hora me gana y tomo el aparato de su lugar que es lejos de mi cama y de mi cabeza para voltear la pantalla que se retroilumina casi de inmediato.

Experimento una desagradable sensación de ceguera e inclino instintivamente el celular para que el dolor en los ojos y en la cabeza no pasen de ahí, en efecto son las 4:19 de la mañana y decido acostarme nuevamente para intentar conciliar una hora más de sueño (si tengo suerte tal vez sea una hora y media).

Desde que tengo uso de razón experimentaba una sensación que muchos años después supe que era trastorno de ansiedad, esa ansiedad es parte de mi, la he aceptado y por ende me encuentro viviendo más tranquilo, sin embargo, el hecho de experimentarla con todo lo que conlleva me mete, de vez en cuando, en algunos baches.

Veo con cierta envidia la prudencia y el equilibrio en algunas personalidades ajenas, unos lidian muy bien con la presión, otros con las exigencias y demandas que se presentan en el día a día, yo hago lo mejor que puedo con lo que tengo pero también hay que aceptar los propios límites.

Para quienes nos dedicamos a trabajar digitalmente la pantalla es uno de nuestros mayores enemigos ya que el tiempo que registramos suele triplicar el tiempo que le dedica un usuario promedio, un consumidor de contenidos digitales en México hace un año dedicaba en promedio 3:46 horas a redes sociales y medios digitales, superando por 16 minutos el tiempo promedio dedicado a ver TV que era de tres horas y media.

Es muy común para mi equipo (y para mí) cumplir 9 horas en pantalla superando las 11 en varias ocasiones.

Por eso he decidido desactivar todas las notificaciones, definitivamente es imposible lograr expresar y (lo que es peor) transmitir la sensación que se experimenta al estar “quemado” por las redes.

Un mensaje que te envían de madrugada será el primero que veas como destinatario, desatando a primera hora la urgencia en tu cerebro (en este caso el mío) de responder y actuar de inmediato, si a ello le sumamos que muy pocas personas mantienen la buena costumbre de considerar los horarios ajenos y que practicamente a todas horas estamos recibiendo cadenas, chismes, fake news, promos, chistes, videos, oraciones, fotos y un sinfín de contenidos que no pedimos, que no nos sirven y que quitan una enorme cantidad de tiempo, y si además le sumamos los segundos que se convierten en minutos que se convierten en horas de interactuar con puras acciones sin objetivo, sentido, coherencia o resultado tangible, medible y mejorable naturalmente que al final del día estaremos fritos.

No logro entender como hay personas que no logran entender que un chat de whatsapp no es una reunión de trabajo, no es una reunión creativa, no es una reunión PUNTO, ambos pulgares me reclaman por el abuso en el texteo, el túnel del carpo se asoma inminente en ambos brazos a lo que deberá venir la consecuente cirugía y recuperación en una y en otra extremidades, sin contar la la exigencia por volver a laborar.

Desde que la jornada comienza (y aunque sea fin de semana, día feriado, Navidad, Año Nuevo o el día de tu cumpleaños) los mensajes no esperan, oculta la faz del interlocutor y sin la necesidad de ver la cara del receptor de nuestro mensaje decidimos enviarlo para satisfacer nuestra urgencia, nuestra necesidad que no toma en cuenta el tiempo y las circunstancias del otro que bien podría estar pasando una crisis de considerables proporciones (como no te veo entonces no me importa) o intentando disfrutar de un tiempo de descanso o con la familia.

Considero que debemos poner atención a la forma en cómo utilizamos las herramientas digitales y en nuestros hábitos perdidos, el respeto por la hora de la comida o los días de descanso ha desaparecido y forma parte ya de la jornada laboral, el tomar una siesta o dar un paseo, ejercitarse, comer, obedecer las necesidades fisiológicas o tener tiempo refractario de descanso o simplemente despertar en paz ahora son cosa del pasado y se confunden con falta de compromiso, de profesionalismo o de productividad.

¿Cómo se le puede exigir al cuerpo y a la mente que produzcan cuando no se ha podido descansar y se mantiene al individuo en un interminable estado de alerta?

La privación del sueño y el estado de alerta consecuentes son tácticas utilizadas para quebrar a un individuo y nosotros las ponemos en práctica con nuestros empleados, clientes, proveedores, familiares y amigos.

No tenemos conciencia,

no tenemos piedad,

no tenemos consideración.

Por mi parte hoy apagaré mi celular a las 20:00 horas, por respeto a mi persona y para regalarme tiempo de calidad, para tratarme bien, para estar en silencio y cerrar los ojos y olvidarme, al menos por la noche de hoy de las ansiedades y urgencias ajenas que me tienen tanto la mente como el sistema digestivo destrozados.

Te invito a que hagas lo mismo, te lo mereces…

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