GRACIAS, MIGUEL…


Hace poco más de dos años mi familia era una familia que reflejaba los hábitos de mamá y papá: practicábamos deporte con regularidad y estableciendo algún tipo de rutina pero no era una de nuestras prioridades, no era un estilo de vida.

Yo empecé a correr y practicar deporte siendo ya un adulto, Gaby, mi esposa desde pequeña ha sido muy activa y nuestros hijos empezaron a entrenar futbol soccer primero en los campamentos de verano con vocación eminentemente futbolística hace algunos años y luego de manera permanente en el Parque España de Torreón.

Pero aún así no entendía yo el deporte como una disciplina a la que hay que dedicarle rutina, concentración, flexibilidad y descanso, no lo veía como una inversión de salud para el futuro y simplemente no me veía a mí mismo como un deportista sino como una persona que hace deporte y punto.

Hace dos años, a diferencia de mis hijos y de Gaby, yo no sabía nadar, me llenaba de pánico entrar en una alberca de hotel y mucho más en una alberca cuya profundidad fuese mayor a los 130 centímetros.

También hace dos años le pregunté a Miguel Ordaz, el experto entrenador de Natación del Parque España, si podría darme clases de natación porque yo no sabía ni siquiera flotar.

Además no sé jugar futbol y correr, debido a la forma de mis pies y la manera en como camino, llega a ser doloroso y deseo evitar problemas en el futuro.

Hoy, gracias a la paciencia, el profesionalismo y la entrega de Miguel y del equipo de entrenadores, hombres y mujeres que el encabeza, en mi familia nos entendemos y nos vemos como deportistas, para nosotros la natación es una necesidad de salud que nos permite sonreír, oxigenar el cerebro y transitar por la antesala de la adolescencia de nuestros hijos con relativa calma.

Ya tenemos dos años en los que los días libres, los períodos vacacionales y los compromisos laborales no son pretexto para dejar de practicar el que tal vez sea el más completo de los deportes, la más celosa de las disciplinas: la natación.

Fui un treintañero sedentario con sobrepeso y problemas graves de presión alta, índices elevados de triglicéridos y colesterol más una aguda ansiedad, vivía permanentemente intoxicado por medicamentos y malos hábitos y mi hígado graso ya empezaba a cobrar facturas. Midiendo 172 cms. llegué a pesar 106 kilos.

Cuando nuestros hijos nos ven a mí y a su mamá entrenar me lleno de orgullo porque soy de los que cree que vale más un ejemplo que mil consejos. No suelo publicar mucho contenido sobre las actividades deportivas que hacemos como hace tiempo ya no comparto contenido sobre la meditación, la razón es similiar: ambas son actividades que disfruto hacer plenamente conmigo mismo.

Es con el deseo de reconocer y agradecer públicamente a Miguel que escribo estas líneas, entrar a la alberca por las mañanas me ayudó a modificar los hábitos del pensamiento y sonreir más temprano, a enfrentarme a los problemas que la vida nos plantea minuto a minuto con más calma y serenidad y a disfrutar de una disciplina que amo con cada músculo, cada fibra de mi mente y de mi cuerpo.

Gracias por todo el apoyo, el profesionalismo y el compromiso con ese deporte maravilloso del que hace muchos años eres ejemplo, estimado Miguel. Tu historia es parte de la historia deportiva de México, de la Comarca y del Parque España de Torreón.

De verdad ¡muchas gracias por todo, querido Miguel!

Nos vemos pronto,

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