La grilla o la parrilla, reflexiones sobre el hartazgo.


Siempre me ha gustado cocinar y hacerlo al aire libre, prender leña o carbón, tiene cierto aire de libertad que no encuentro en otras actividades.

Voy a cumplir un mes de haber puesto en marcha formalmente el Carbonívoro, un pequeño remolque inspirado en los tailgates gringos en donde ahuman briskets, embutidos y diversas carnes pero diseñado para el público mexicano.

El remolque tiene varios accesorios: cuenta con una caja china ubicada en la parte posterior que en los hechos es un ataúd para cocinar pero con la diferencia de que la masa sobre la que se prende el fuego que se convertirá en brasa no se levanta (como en el caso del ataúd) sino que se queda fija para acceder a los alimentos por una puerta transversal abatible que sirve, a su vez, como superficie de trabajo al momento de acceder a manipular los alimentos.

Cuenta también con un asador/ahumador ya que tiene un infiernillo, ubicado a un costado de la caja china, mismo que sirve para tener una fuente indirecta de calor y humo para asar o ahumar cualquier alimento. Ambos, asador como infiernillo, tienen parrillas convencionales y estilo argentino además de parrillas ceniceras y ventilas de respiración para regular la temperatura y flujo de humo.

Dando la espalda al asador y detrás de la caja china, una mesa de trabajo de acero inoxidable se levanta para revelar una amplia bodega en donde se guardan leña, carbón, parrilla (para la parte superior de la caja china) una pala carbonera, mesas de trabajo laterales y contenedor de ceniza, entre otros.

Al otro costado del asador tenemos un quemador de gas para preparar discada o utilizarlo para calentar un comal y al frente del remolque tenemos una bodega semi piramidal que resguarda una llanta de refacción, tanque de gas y utensilios necesarios para que no falte nada.

En la masa de la caja china se encuentran dos tubos soldados a la misma y con la inclinación necesaria para meter una varilla en cada tubo, dichas varillas sirven para acomodar hasta dos cabritos que se asarán al pastor.

Al estar afuera de mi oficina puedo trabajar en mi empresa al mismo tiempo que estoy preparando los costillares, los viernes son más complicados que los sábados (en cuanto a la carga de trabajo digital se refiere) por ello decidí preparar solamente 13 kilos de costillares o 26 órdenes y los sábados en los que nuestros colaboradores trabajan desde casa y la demanda de los clientes de digital por lo general baja entonces preparo 20 kilos de costillares o 40 órdenes.

Mis hijos (espero) ven y aprenden con el ejemplo, además de ubicarse en la realidad de un mundo que es cada día más demandante y competitivo, agresivo, injusto y peligroso, por eso celebramos entregar cada una de las órdenes en nuestra oficina, persona a persona queremos hacer comunidad mientras trabajamos.

Los viernes y los sábados me levanto a las 5 de la mañana (los demás días a las 6) después de un regaderazo me lanzo a la oficina para llegar a las 6 y tener prendido el carbón a las 6:10, me he impuesto el reto personal de hacer las mejores babyback ribs de La Laguna (al menos) es un jale físico pesado pero que me da mucho más de lo que me agota (y vaya que es agotador) pero es parte del precio que se tiene que pagar para hacer lo que uno quiera y, lo que es más importante que eso: para decir, escribir y publicar lo que uno quiera.

Me gusta mucho la política, algunas personas piensan que soy reportero o periodista por mi histrionismo digital pero considero que sólo me ayudo de la caja de resonancia que son las redes sociales para transmitir lo que me indigna, lo que me enoja, lo que me hace perder la calma y que considero injusto, producto de la ignorancia o simplemente inepto.

Me encantaría tener la oportunidad de estar en una tribuna política, de estar en donde se dan los madrazos de verdad, donde se hacen las leyes o se toman las decisiones, me gustaría mucho ser diputado o regidor o síndico o senador o alcalde o gobernador para decirles en su cara sus verdades pero ¿sabes qué? perdería mucho…

perdería los amaneceres a las 6 de la mañana afuera de mi oficina viendo el carbón arder y escuchando a Billie Holiday cantar sabiendo que lo que sigue es trabajar con parrilla y fuego,

perdería tiempo con mis hijos y mi esposa, me perdería yo, hace mucho la política se pervirtió y se convirtió en autoservicio en vez de justicia,

perdería la libertad de criticarlos a todos parejito, sin compromisos y sin tapujos, divertido de a madre,

perdería mi intimidad,

y la propiedad de mi persona…

Son tiempos apremiantes en los que me encantaría ver que el diálogo prevalece sobre la cerrazón, sin embargo ya estamos polarizados y perdemos amistades y relaciones por discusiones sin sentido y temas que francamente no se van a resolver discutiendo (mucho menos en las redes) me desesperan la parsimonia, la pelma, la lentitud, me decepcionan la voracidad, la soberbia y la ceguera.

En La Laguna se hacían tratos con el valor de la palabra, esos tiempos pasaron y ya no es así, en mi experiencia política la palabra fue lo menos honrado que atestigüé, por eso en Carbonívoro damos valor a la palabra, apartas tu orden así nomás, con el valor de tu palabra.

Te soy franco, ya estuve en política y hace poco, producto del hartazgo y la desesperación por lo que pasa en mi país pensé en afiliarme a un partido político (nunca he militado en ninguno) pero no lo he hecho. Imagino las facilidades que muchas y muchos tienen al vivir de la política y de la función pública en un sistema que, aún en 2019, se sostiene por intereses, favores y relaciones pero tengo el maldito defecto de ser orgulloso de a madre y me sigue llenando de orgullo que me gusta (y sé cómo) trabajar,

para dar ejemplo a mis hijos, para caminar con la frente en alto tranquilamente por la calle y para poder seguir señalando lo que a mi juicio está mal.

Por eso sigo decidiendo la chinga (como se le llama al trabajo físico) sobre la grilla, por lo mismo que dice el son cubano: “nuestro vino de plátano, nuestro vino, y si sabe agrio es nuestro vino” o por lo que decía Antonio Plaza, el poeta:

“Nunca al poder ni al oro me arrodillo,
y aunque me agobie padecer tirano
me muero de hambre; pero no me humillo…
seré cadáver, pero no gusano.“

No gusano.

Gusano no.

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