Hemos perdido el tiempo, el valor por el tiempo del otro que es el tiempo compartido también lo hemos perdido, nos hemos extraviado en la red digital y me temo que nuestra lógica comienza a intentar funcionar sin que existan las pausas, segundo tras segundo, minuto a minuto sin parar para dormir, para descansar, para charlar o siquiera para saludar. Con el pretexto de la productividad que nos lleva solamente al pozo del consumismo seguimos las tendencias de moda, ya no apagamos nuestros celulares, dejamos de batallar con nuestros hijos entregándoles sus mentes al producto de algún diseñador de juegos o al algoritmo de alguna red social no identificada o identificada, que es lo peor…

Nos alejamos uno del otro, ya no hay tiempo para nada porque el tiempo lo hemos dedicado a la producción; “ya llegarán las vacaciones, ya podré leer ese libro que me regaló mi padre, o esos que me obsequiaron mis suegros…” ya no hay tiempo para nada, ni siquiera para saludar.

Siempre he pensado que es muy emocionante vivir esta época pero a veces creo que quienes se nos adelantaron están mejor que nosotros.

Estoy cansado.

Cansado y enojado.

Por haber perdido la capacidad de asombro, por leer tanta mierda en las redes, tantas opiniones peligrosas, violentas, ignorantes y decido no hacer nada porque el silencio también es una respuesta.

Estamos desnudos frente a los ojos del otro y no conocemos la tolerancia, nuestras opiniones nos revelan ante los demás alienando, agrupando, segmentando, categorizando, convirtiendo nuestras vidas en productos.

Ahora más que nunca compramos los productos que nunca utilizaremos, nos definimos por un conjunto de marcas en vez de por un conjunto de valores, hemos dejado de sonreir con los humanos para sonreirle a nuestras pantallas y permitimos que las malas noticias sean las únicas noticias que recibimos día con día.

La paradoja de nuestro tiempo es que se puede predecir el futuro con certeza siempre y cuando exista una manera de saberlo todo todo el tiempo pero no queremos invasiones a nuestra privacidad, hablamos de democracia pero solamente cuando se trata de elegir a alguien más para que haga el trabajo por todos los demás, la ignorancia está de moda y la información es considerada un arma bélica.

Todo lo queremos hacer eficiente y no estoy en contra sin embargo me preocupa el haber perdido la capacidad para pasar el tiempo, por eso me niego a prender rápido una pila de carbón, o a rasurarme, o a decidir nada por whatsapp o a compartir mi vida diariamente foto tras foto, video tras video.

Al observar de cerca el infinito la trascendencia se vuelve su opuesto, ojalá que las lágrimas de la verdad no dejen ciego al futuro.

 

 

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