Vivimos un tiempo de confusión.

¿No te ha pasado que posas para una foto en un evento o reunión con un grupo de personas en donde pones tu mejor sonrisa durante unos segundos, abrazas a quienes se encuentran a tu lado y ruegas porque pase rápido el momento que nunca pasa rápido? odio las fotos, me roban el alma y siento que una gran parte de quienes participamos en esas fotos grupales o familiares no disfrutamos de la experiencia, además…lo digital, aunque está a la mano de la nube se nos escapa de la memoria personal por eso prefiero almacenar en mi memoria biológica los momentos importantes y no en un pinche celular.

Observar el fenómeno, ser parte de él y vivirlo en carne propia me ha hecho cuestionarme si en verdad estamos viviendo lo que parece que estamos viviendo o simplemente somos actores y actrices representando un estúpido rol sin sentido revestido de inseguridad, necesidad de afecto y aceptación, ausencia de amor (propio y por ende hacia los demás) falta de empatía y muchas otras carencias que brillan por su ausencia en la llamada Era Digital.

Hay quienes analizan nuestro tiempo con una visión dura y no muy optimista de lo que sucede y lo que vendrá, yo he decidido no ser parte de esa visión sin embargo me interesa conocer los diferentes ángulos con que se analiza nuestro comportamiento como sociedad y como individuos.

Conozco a muchas personas que se ven genuinamente felices así como a muchas otras que no pueden ocultar su pesar; ¿qué es lo que nos hace ser felices?

No soy crítico de cine, no me interesa serlo pero si alguien que no ha tomado terapia psicológica me pregunta cómo es o de qué se trata y cuales son sus resultados le contestaría recomendándole que vea la película “Hector y el secreto de la felicidad”.

No voy a decir más sobre la película que, por cierto, está basada en un exitosísimo libro del mismo nombre escrito por el Psiquiatra francés François Lelord sólo quiero agregar que aunque no he leído el libro anoche pude ver la película y la encontré simplemente fascinante.

Tomar terapia psicológica significa para mí un profundo compromiso con la salud mental y física, un acto que ha requerido de más valor que cualquier babosada que antes haya hecho pero también ha sido la inversión más importante de mi vida porque he encontrado en ese espacio gris de la rutina y cotidianeidad del día a día un arcoiris fascinante donde habita la felicidad, a pesar de mi daltonismo ;)

Nunca es tarde.

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