Mi Amiga la puta

Por Alejandro Monreal

CAPÍTULO TERCERO

En el que Narciso descubre la verdadera intención de El Loco. ¡Salud!

NARRADOR.- Mientras las tórtolas siguen su canto, en la tierra, ocultos entre dos piedras, una pareja de grillos hace el amor con pasión desenfrenada al son del baile del loco. La hembra gime con satisfacción, mientras el grillo lanza un alarido de placer. Es la típica escena relatada por de Sade en el reino de los insectos. El Loco pisa fuerte y señala a la luna, dando vueltas como trompo inmune a la fricción, víctima de la inercia de su aparente locura. No muy lejos, la luna alcanza a embarrar a Narciso con su luz. Sus botas quedan al descubierto y así su rostro. Ha salido de las sombras.

EL LOCO.- Hijo, tu relato me supo a historia de mi propia carne. Lo sentí tan vívido con la luz del astro a través de mis ojos, tan claro como el cantar de las tórtolas por mis oídos, tan firme como la tierra que pisan estos pies viejos que se mueven con el ritmo de los incomprendidos. Bien hecho. Tu amiga es de buen ver. Es linda, pero no tanto como a mí me gustaría. Es como el whisky barato, sigue siendo whisky, pero no del todo afín a tu paladar. Brindemos, amigo. Brindemos por tu logro. Toma este vaso imaginario que contiene lo que nunca has bebido, pero te hace falta. ¡Salud! Salud por esa nada que de vez en cuando hace tanta falta. Salud por esa angustia que nos saca del camino y nos devuelve con nuevos objetivos. Ay, ay, ay…

NARRADOR.- Los ojos de El Loco se humedecieron. Sus labios temblaban y de entre sus dedos cayó al suelo aquel vaso imaginario que se partió en fragmentos de recuerdos, de experiencias. Sus rodillas comenzaron a resentir el peso de su propio cuerpo. Se apoyó en su bastón invisible, lo tomo con ambas manos. Se desvaneció. Miró a la luna y sonrío. El astro se reflejaba perfectamente redondo en sus ojos, como si lo hubieran calcado. Comenzó a hablar, pero sus labios no se movían.

EL LOCO.- Fuera del costal el alma es más ligera. Ya no hay ni siquiera vestigios de culpas por ocultar. La aparente locura ha llegado a su estado más puro. Comprensión, hijo, comprensión. Busca el Morias, la antítesis de la cordura, el baile del loco… No tengo nombre. A decir verdad, me puedo llamar como te venga en gana… Fuera de mi “supuesta” condición mental no daré detalle más. Adiós.

NARRADOR.- ¿Delirio? Tómenlo como deseen. Cada quien se viste como le viene en gana. Víctimas de la moda, siempre encontramos un detalle que nos distinga de la tendencia. Paradójico, pero sucede.

Un hedor se desprende del cuerpo de un perro muerto en los alrededores. Conforme se aleja de su punto de origen se vuelve cada vez más visible, primero como humo, luego como gelatina, pasa por arcilla y se queda como tal. Un mentón alargado y unos ojos hundidos. Unas manos flacas toman a Narciso por los hombros y le susurran al oído. Es La Víctima transformada en culpa.

LA VÍCTIMA Y NARCISO.- Lo he matado, lo maté sin tocarlo.

LA VOZ DE EL LOCO.- (Carcajadas) Si tu desdicha fuera una carrera, serías el primero en llegar, aunque se me ocurre que te descalificarían por salida anticipada (continúa riendo). Tienes un afán, hijo, por culparte sin sentarte un rato y mirar hacia adentro. Tú percibes el mal olor y asumes que aquel emana de ti.

NARRADOR.- Una náusea profunda invade a Narciso. Es tan fuerte que dobla sus rodillas y lo tumba. Sus manos sienten la tierra aún caliente por el calor antes del anochecer. Desde su estómago y por su boca emana un vómito oscuro y maloliente. Narciso se tumba completamente y queda de lado. Su respiración es agitada, como la de alguien que corrió una carrera.

A lo lejos se escucha un alarido agudo como el canto de las brujas. Cada vez se percibe menos hasta que desaparece por completo. Se fue La Víctima, se fue la culpa. Adiós.

NARCISO.- Mo… rias. El Morias. La antítesis de la cordura, el baile del loco.

NARRADOR.- La pareja de grillos yacía sobre una piedra, alumbrados sus cuerpos por un reflejo de luna. Sus cuerpos húmedos de placer dejaban huella de cansancio sobre aquel objeto en el que reposaban. Narciso se puso de pie y siguió el canto de las tórtolas. Frente a él una Cruz recordaba el trágico final de un vagabundo con poca suerte. En la cruz podía leerse con dificultad lo siguiente:

“En memoria de El Yito, amigo, esposo, amante y acosador”

Justo debajo del epitafio original, unas letras improvisadas complementaban la oración con lo siguiente:

… Y grifo y coco, saca mocos, come piojos…

Las tórtolas siguieron cantando y Narciso caminado. Después de un rato tropezó con una enorme piedra encarnada en el suelo. Su superficie era plana y se alcanzaban a ver unas letras… MORIAS ENKOMION. Las tórtolas suspendieron su canto y se perdieron en el horizonte. Detrás de Narciso, el sol comenzaba a espiar a la tierra.

Con sus manos quitó la tierra que cubría el capricho de poema, una prosa poética incipiente, las líneas de alguien que iniciaba su travesía en el camino de lo que plasma la mente en donde le dé la gana. El Morias ya era legible:

MORIAS ENKOMION

Elogio de la locura. ¿Qué diablos somos sin nuestra esencia? ¿Una copia barata de no sé qué? Un autómata abúlico caminando con pasos programados. ¿Cuánto miden? ¿Qué distancia debo recorrer? ¿A dónde debo ir? ¿Quién debe acompañarme? La culpa por ser diferente pesa más que el mundo en tus hombros cuando no terminas por aceptarte a ti mismo.

Nos hicieron creer que la locura era un término válido para definir a quien se atrevía a poner un pie más allá del corral. La locura da miedo, se te pone la piel de gallina. Caminas con el culo en la mano y de vez en cuando lo acercas a tu rostro para no olvidar su olor, al que estás acostumbrado. El miedo huele a caca. ¿No lo has notado? Más vale malo por conocido que bueno por conocer, dice la mayoría cuando le tiembla.

El esquizofrénico se rompió en mil pedazos, el loco está buscando reintegrarse, acomodar pedacitos de caca para convertirlos en abono. Una planta, un jardín, el jardín del mundo. El universo en su interior.

Soy el loco. Quedo de ustedes.

LA VOZ DE EL LOCO.- Supongo que lo descubriste, hijo. No me escuchaste a mí, nos escuchaste a todos, te escuchaste a ti. Tú eres el loco, eres la puta, eres la víctima, eres tú mismo. El final del Morias, el universo en tu interior. Brindemos por eso, por la nada, por la infinidad de posibilidades, por la culpa transformada en oportunidades. ¡Salud!

Un rayo de sol se posó en los cuerpos de los grillos amantes. La hembra se montó sobre su pareja y comenzaron con el deleite del cuerpo, con el goce mañanero, ese que sólo algunos tienen la dicha de presumir.

FIN.

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