WhatsApp Image 2017-04-10 at 16.54.14Mi amiga la puta

Por Alejandro Monreal

 

PERSONAJES

Narrador: Su servidor, quien aporta su contribución para que este relato tenga algún sentido.

El Loco: El lector puede deliberar la apariencia de este personaje. Fuera de su “supuesta” condición mental, no daré un detalle más.

Narciso Filosique: Puede ser él o ella. Bueno para pensar, malo para recibir las críticas. Siempre noble, muchas veces inocente. Mirada triste. Viste como ustedes gusten, excepto por los jeans y las botas.

La Puta: Según dice Narciso, su nombre empieza con “E”. Blanca ojiverde con cabellos teñidos de rubio, busto y trasero gordos igual que sus piernas, con una cintura que le da un aspecto sensual para algunos, no tanto para otros. Tiene unos lindos labios.

La Víctima: La víctima puede ser cualquiera.

 

Para darle elegancia, llamémosle a esto…

 

CAPÍTULO PRIMERO

De cómo El Loco decide que Narciso le cae bien y le ofrece su ayuda a cambio de “escucharlo”.

 

NARRADOR.- En las afueras de una ciudad industrial, un semidesierto. Matorrales a hasta donde la vista alcanza y más allá. Seguro que no termina. Mezquites secos y mundos de ramas que de vez en cuando hace girar el aire hasta acercarlos a las carreteras. La chicharra de ciertos insectos suena constante, como la electricidad en los cables de alta tensión. De vez en cuando una liebre cruza rápido. Un hormiguero cada diez pasos y por las tardes el sol quema intenso como la llama en el comal. Por las noches se puede escuchar el ruido de los cascabeles y si lo afinas aún más puedes oír cantar a la hormigas. Ahí está El Loco, señalando a la luna mientras gira lentamente sobre su propio eje, al fin y al cabo “está loco”, está ensimismado.

EL LOCO.- (Dando vueltas y señalando la luna. Hablando para sí.) ¿Escuchas las tórtolas por la noche? ¡Shhh! Silencio. ¿Las oyes? Es hermoso. Se supone que deberían estar dormidas en las ramas del árbol de alguna ciudad. Son aves urbanas, pero de vez en cuando se pierden y pasan la noche aquí, llamando a no sé quién. Quizás se pierden intencionalmente para llamarme de vuelta a la cordura o para mantenerme aquí, en donde estoy. Si puedo percibir el sonido de las tórtolas, quizás no esté tan loco.

NARRADOR.- Una figura se alcanza a ver entre las sombras. Puede ser cualquiera. Calzado vaquero levanta tierra al caminar. Unos pantalones desgarrados se dejan ver, pero no su rostro. De su boca emana el humo de un cigarro. Es Narciso, quien se para a una distancia prudente de El Loco.

NARCISO.- Disculpe, buenas noches. ¿Se encuentra bien?

NARRADOR.- El Loco no responde y continúa con su baile y su discurso.

NARCISO.- Sólo quiero saber si hay algún poblado cerca de aquí. Me robaron mi camioneta y mis pertenencias. Necesito hacer una llamada. ¿Es usted de por aquí?

EL LOCO.- ¡Shhh! Las tórtolas. Mi abuelo me contaba de un presa que llevaba por nombre “Las Tórtolas”. ¿Sabes cuántos años tengo? Tengo 200. Significa que mi abuelo murió hace casi 170 años. Por cierto, yo no maté a Dios. ¿Tú sí?

NARCISO.- Señor, no sé de qué habla. Quisiera entenderlo.

EL LOCO.- (Alzando la voz) No seas mentiroso, muchacho pendejo. Viniste aquí buscando ayuda porque te asaltaron. Es claro que tu intención no es entenderme, sino irte de aquí tan pronto como te dé cualquier información. Hermano, eres igual de culo que todos. Todos me temen, pero nadie me ha escuchado. Doscientos años, hijo, doscientos años y sólo las tórtolas me cantan, y eso cuando se pierden las méndigas. Pero en fin. (Se sienta en una roca). He decidido que me caes bien. Digo, no eres guapo, ni estás mamado, ni yo soy puto, pero ya lo decidí. Te voy a ayudar si me escuchas primero. Antes voy a ofrecerte un vaso de agua imaginario, porque hoy en día, a la gente le gusta creer que pensando las cosas las va a obtener. Así que bebe del vaso, mi amigo, bebe. Hace 170 años dibujé una línea imaginaria exactamente donde estás parado y dije que sólo tendería mi mano a aquel que pusiera sus botas flotter choco en ella. Vino un güei por año y sólo tú, el último que ha venido lo ha logrado. ¿Recuerdas a aquella puta que conociste en el nait club?

NARRADOR.- Narciso, sorprendido, escupió el agua imaginaria que el loco le había ofrecido, y lo hizo de tal forma que alcanzó a salpicar el rostro de El Loco y a dos hormigas y un alacrán que escuchaban atentos la conversación entre ambos. A lo lejos, una lechuza se carcajeaba mientras codeaba a su compañero que fisgoneaba en la madriguera de una rata de campo vecina.

NARCISO.- ¿Cómo se supone que usted sabe eso si nos acabamos de conocer? Es más, ni siquiera sé su nombre.

EL LOCO.- No tengo nombre. A decir verdad, me puedo llamar como te venga en gana. Si quieres puedo ser tu tocayo. O puedes regalarme el nombre del güei que más odias. O bien, puedes pedirle amablemente a quien nos hace el favor de leernos que me asigne un apelativo. El que más le plazca. Un nombre de luz, como Jesús, o quizás el del anochecer, como Lucifer. Me da igual. De cualquier modo, no hay evidencia científica de que el nombre determine quién soy o en quién me convertiré. Son meras conjeturas. Es más, si supieras el nombre de mi padre, no habría problema que me llamaras como tal.

NARCISO.- Señor, perdone la expresión, pero es usted muy mamón. En fin, sobre la puta. Su nombre empezaba con “E”. No recuerdo muy bien. Le pedí su número y me lo dio a escondidas, diciéndome que si la veía la madrota, la podía amonestar. Tuve que borrarlo por si mi esposa tomaba mi teléfono. Pagué 450 por 45 minutos con “E”. Estaba dolido y le pedí consejo. Su mirada era fija. Sus ojos verdes se clavaron en los míos. En algunos momentos me distraían sus labios húmedos. Pregunté si podía tocar sus piernas y no hubo objeción. Eran suaves. Tenían la proporción perfecta entre grasa y músculo. Le pregunté si le molestaba que la tocara. Me dijo que no, que yo era diferente, un caballero. “E” era madre soltera. Tuvo a su hija muy joven y sufrió decepciones amorosas.

NARRADOR.- Narciso viaja en su propio recuerdo. Es el último en entrar. Delante de él van tres de sus amigos. Toman asiento cerca del pole. La madrota es quien los atiende. Es una mujer guapa a los ojos de Narciso. Ofrece cerveza. Dos equis, por favor, contestan al unísono. La madrota trae la tina. Seis por ciento cincuenta. Es un lugar caro. Comienzan a beber. Una gordibuena se acerca con Narciso. Aquí comienza la historia…

E.- ¿Me invitas una copa?

Continuará…

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