Por: Juan Eusebio Valdez Villalobos

 

“Rápido, cada vez se va haciendo más veloz. ¿Qué no sientes el vértigo? ¿Que estoy sintiendo yo? Antes, los días eran largos. No como hoy, que se pasan volando, deberíamos ir lento”.

 

Rola de lento de Café Tacuba

 

Alguien puso la manija en velocidad máxima, Solo rayas se ven alrededor. Sombras de colores sin forma y sin paciencia que se pasean de un lado a otro. Cansado, agitado, hasta la madre de seguir en el mismo camino que nunca te ha hecho feliz, pero sigues ahí como el chicle que se  pega en la bota, No importa que te pisoteen, que te invaliden, que te hagan mierda, así como si una fuerza de atracción debido a la gran velocidad te atrae siempre al mismo punto, donde no eres nada.

 

Quien puede decidir sin conocer la pregunta. El mundo lleno de interrogantes y nadie da las respuestas, todos son suposiciones. Confusión. Miedo. Incertidumbre. Miedo. Te falta el aire, la idea de detenerte y observar hace que tus piernas tiemblen. Temes al parón y que no tengas la fuerza suficiente para controlarte. Te azotan las dudas. Cargas con la desesperanza.

 

Te imaginas a donde van todos. Se mueven con tanta velocidad como si supieran el destino. Caminan a ciegas aun destino que han soñado y vivido miles de veces. Tratan de huir con los ojos cerrados y aguantando la respiración. Sin voltearse a ver, para determinar el camino. La muerte seductora se posa al final y sin hacer aspavientos consigue que todos a gran velocidad corran ante ella.

 

Alma, esencia, belleza, filosofía, introspección, artes, sublimación. Palabras vacías cuando emprendes el camino a esta velocidad. La inmovilidad se vuelve rebeldía ante tanta turbulencia. Que alguien te baje, que alguien te diga como bajar, tu cuerpo cada vez más cortado y destrozado no puede con tanta vida.

 

La mierda sabe igual que la miel cuando dejas que la velocidad te atrape. Los sentidos dopados dejan una explosión. Que cada vez que hace erupción, pierde su impacto. Dejándote. Abandonándote. Matándote sin dolor. Sin sentir nada. Sin decir nada. Sin hacer nada. Sin saber nada. Pasas tu vida observando cómo está empeñada a entrar. Te asesina. Pero ¿a quién le importa? Hoy en día ser humano está sobrevalorado.

 

Intrascendencia. Olvido. Perecedero. Bulto sin relleno. Cuando la velocidad alcanza su punto máximo, las rayas y las sombras desaparecen. Resurge la cosa. Un objeto sin forma ni esencia, que se traga todo lo que se cruza en su camino. Llevándolos a la ausencia de luz y calor. Cuando esa masa te abraza. Deja de importar todo.  Eres parte de ella. No sabes que fue de tu cuerpo. No existes. Morir suena esperanzador cuando la mierda sabe a miel.

 

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