Hoy, en la vos de: El bato de Gómez.

Hoy todo el mundo habla de la falta de empatía y la falta de valores. Dos ideas que se quedan cortas ante las problemáticas que azotan a nuestro contexto actual. No quiero sonar pesimista o culero, pero la neta el problema actual es el exceso de voces que aparecen. ¿A quién se le ocurrió la estupenda idea, de que todas las opiniones son válidas? ¿Quién dijo que esto era el camino para la inclusión? ¿Quién chingados dijo estas pendejadas? Y lo que más me preocupa: ¿Quién se cree semejantes discursos?

Cuando cursaba mi preparatoria en “la tres veces heroica…” no voy a poner el nombre, para evitar bronca y darles promoción de a grapa. A lo que voy es lo siguiente, en nuestro salón estaban algunas de las representaciones de la sociedad. Estaban los gueis, que eran fachon y siempre estaban rodeados de las más buenotas del salón. Estaban los gueyes obsesionados con el Yym. La mayoría de estos lo necesitaban era ejercitar la belleza de su cara, por no decir que estaban feos los batos.

Otro grupo era el de los fresones. Tipos que a sus 15 años ya traían un camionetón digno de video de banda. Lo gacho con estos cabrones, era su pésimo gusto para la música y su fascinación de comprar la ropa donde mismo. Diría mi madre “parecen retratos”. También estaba el grupo de las gordas, mote que le puso un amigo, debido al notorio tamaño de sus faldas. La característica que compartían, sin contar su físico, era que eran ruidosas y lambisconas con los profesores, cosa que nos cagaba.

 Los mataditos, era el grupo que yo formaba parte. Sujetos con calificaciones de excelencia, pero en la cuestión de las habilidades sociales, mediocres. Dichas habilidades eran equiparables a las de un mueble, ni siquiera un mueble chido como un comedor o una sala de piel. No. Éramos un montón de sillas de plástico y una mesa de metal con la marca de una cerveza grabada en el centro.

Y así convivíamos todos. Los mataditos nos creíamos superiores a todos.  A las buenotas les dábamos lastima todos, menos los gueyes que aparentaban ser cul y que tenían feria. Los fresones solo se juntaban entre ellos. Ahí, los veias hablando con su papa en la boca, era muy cagado oírlos hablar, pero la verdadera gozadera era cuando, venían con nosotros a que les explicáramos algo de la clase de química o de historia. Yo la neta nunca dije no. Varios de mi grupo aprovechaba ese momento para desquitar toda su ira adolescente y no solo les negaban la ayuda, sino que eran la comidilla del grupo el resto del semestre. No los bajaban de pendejos.

En una ocasión en nuestra selva estudiantil, hubo un regreso. Un compañero que estuvo con nosotros en los años de secundaria y que después se ausentó  debido a  varias operaciones. El bato tenía un problema congénito, que la neta no recuerdo, porque la neta me valía madres. El punto es que era un chavo que cuando estábamos sentados, podía pasar desapercibido. Su notoria condición era evidente al momento de caminar, ya que parecía siempre andar de “aguilita”. Rodillas flexionadas y abiertas, caminaba semejante aun vaquero recién bajado del caballo.

Recuerdo una vez que el dueño del colegio nos estaba dando una clase, cabe mencionar que ha sido uno de los mejores profesores que he tenido. El profe un hombre bigotón con voz ronca, que siempre vestía de traje, era un espectáculo al momento de enseñarnos no sé qué madre de matemáticas.

Esa vez el profe de bigote, había gastado toda su paciencia. Ese día parecía que el grupo nos habíamos puesto de acuerdo para no aprender ni madre. El profesor, sudoroso, ya sin saco y con la corbata floja quiso implementar una nueva estrategia. Así que, con su voz grave y en tono enojado, le hablo a al compi que acababa de volver a la  escuela.

-Pasa al frente por favor- dijo el bigotón con toda el área de las axilas empapadas de sudor.

-No, profe el no- Dice la gorda líder. El profesor ignora a su alumna. Y subiendo su tono repite su frase:- Pasa al frente por favor” – En ese momento todo el salón se llenó de murmullos. Paso a ser una frutería de la alianza.

-Pasa o te repruebo- Usando la última arma del profesor. En ese momento el alumno con dificultades empieza a caminar hacia el frente con su particular forma de desplazarse.

En ese preciso instante, los bigotes se tornaron de color rojo, al igual que todo el rostro del profe. Vergüenza era poca. Me imagino que quería correr o  volar fuera del colegio, fuera del mundo.

-No tú no, siéntate por favor. Una disculpa- El compañero se quedó ahí parado. Humillado por la empatía del profesor, humillado por que todos los del grupo no se rieron, y es que quién se puede reír de un discapacitado.  Ellos no aguantan la carrillla. Ellos son especiales. Ellos lo que necesitan es que agarremos un día del calendario al azahar, para que pueda andar sin culpa con su humanidad coartada por el mundo. Ellos solo pueden aspirar a ser solo un homúnculo del ser humano. Jamás humanos.

El mundo está lleno de gente consiente y muy empática que por haber leído un libro de feminismo o de Carlitos Marx, ya sabe que es lo mejor para todos. En el mundo hay un montón de dizque activistas que pregonan la idea de que ser pobre es una mierda y que todo el mundo quiere ser rico, por decir un ejemplo.

En el salón nos valía verga el otro. Cuando eres adolescente tu banda es la que rifa, tu banda tiene todas las respuestas. Nos vale verga cambiar el mundo. Como adolescentes nos importa buscarnos y encontrarnos. Romperle la madre a la vida. Cuando eres adolecente eres un ponk. Aun así, estés en el grupo de los fresones, las gordas, las mataditas o tengas una discapacidad.

A ese bato,  el del caminado particular, le encantaba el desmadre. Recuerdo que cuando llegaba a la escuela no nos bajaba de putos, ¡Sí! el discapacitado era grosero, y le gustaba la fiesta. Además el guey era un excelente alumno, que nunca pidió  trato especial. La neta tampoco voy a idealizarlo. Era  solo un cabrón como todos. No sé, ni dónde quedo, como la mayoría de mis compañeros de prepa. De seguro ya no camina de aguilita, ya de tanta operación, pero de seguro se sigue cagando de la gente que le quiere resolver la vida y que no quiere echar un desmadre con él.

Todos esos gueyes que se dicen empáticos y quieren ser las voces de todo un pueblo, de todo un género, de todo un país; neta primera aprendan a limpiarse la cola, porque el mundo no necesita gente que tenga todas las respuestas, se necesita gente que se arriesgue y que escuche al otro realmente. Para saber que quiere el otro. Y así, podremos acercarnos a la verdadera empatía. Llegar a aceptar al otro. Y a partir de esta aceptación darnos cuenta de que nadie tiene la razón. Porque nadie sabe más de ti que tú.

Empatía para todos.

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