“Solo hay una vida, haz lo mejor que puedas”.

¡Bueno, pero qué…! Ya estaba yo a punto de iniciar con mis preámbulos de cinco párrafos. Como todos sabemos, o al menos, los que nos dedicamos a masturbarnos la mente con ideas sinsentido, Facebook es un horno defectuoso donde se medio cuecen, los pensamientos y reflexiones de los más célebres clichés y estereotipos representados por los chacas, los buchones, las luchonas, los traileros, etc. En esos memes con más de 1000 likes, se leen o se leían frases como: “AnThEzS dE KrYtIkaRm InThEnThA ZuPeRaRmEee” y la más reciente de todas: “Solo hay una vida, haz lo que quieras”. Después de leer la frase que cité con anterioridad, tomé todos mis libros de psicología y filosofía y busqué con ahínco algún autor que justificara tal planteamiento, o quizás alguna frase que se le asimilara, pero para mi desgracia y falta de suerte, no encontré nada. Y así, luego de mi decepción y con mi derrota tan presente y tan vigente, me derrumbé en mi cama y lloré como Bella cuando es encerrada por La Bestia… luego, se me pasó y me puse a ver Clone Wars.

Yo me pregunto de dónde vienen, en qué cabeza caben tales ideas tan salidas del Olimpo, de las mismísimas sagradas escrituras, porque como esas, hay muchas y peores. Lo que me dejan ver es una falta de comprensión del mundo y de sus mismos planteamientos. Me produce una sensación ambivalente, de gracia y tristeza, ver plebitas (así se denominan ellas) sufriendo por amores de una semana y “echándole los perros” a militares de 25 años a través de sus publicaciones de redes sociales. Es igual de ambivalente ver a chavos presumiendo una botella de bukanas (así le dicen ellos) y sosteniendo el vaso de Los Huracanes del Norte (de plástico, por cierto) y posando para la foto como si fueran los más malos y rebeldes del mundo.

Ante tales atrocidades relatadas con anterioridad, he buscado respuestas y para mi decepción de Bella encerrada, solo he escuchado el tradicional “así son los chavos”. Discúlpame la expresión mi conspicuo amigo, pero ¡no mames! Nací en 1988 y no me dejarás mentir, tú que eres mi coetáneo o seguramente mayor, (porque la gente menor que yo casi no lee) en nuestros tiempos, eso no se hacía. Si tomaste y fumaste antes de los 15, lo hacías clavadote (así dicen los cholos por no decir escondido) en la azotea de tu casa, en un terreno baldío y tratabas de esconder toda la evidencia, no dejabas nada visible. Había un sentimiento de culpa y una vergüenza, que nos limitaban en nuestras acciones. OJO: con todo lo anterior, no pretendo justificar que éramos mejores adolescentes, ni que merezcamos el perdón por el hecho de escondernos, solo intento señalar la falta de conciencia que se hace evidente en las redes sociales y fuera de ellas. Antes, una chavita de 15 años tenía novio (de su misma edad) a escondidas; hoy una morrita de 15 años le envía fotos sugerentes a su quesito (o sea su novio o novia) de 25.

Facebook nos ha hecho “sabios”. En esa selva habitan los que saben, los que hacen el intento por saber, los que creen que saben y lo que de plano están de la… (tienen carencias). Pues bien, la población a la que me he referido forma parte de los dos últimos tipos que mencioné. Su realidad es tan distorsionada y deja mucho que desear. Su máximo fundamento son las letras de las canciones que escuchan y la opinión de sus amigos y por qué no, de Alfredito Olivas y El Komander (espero haber escrito bien sus nombres, no vaya a amanecer colgado de un puente).

Los vatos y morritas con estas características son especialistas en detectar fallas en el otro, pero son incapaces e incluso temerosos de criticarse a sí mismos, y es un hábito que ejercen todos los días sin excepción alguna. Para ellos, quien debe cambiar primero es el mundo y no muestran disposición para cambiar ellos mismos. Un hábito es un camino que hace surco en la mente, es una idea que viaja de neurona en neurona en forma de neurotransmisor y crea rutas bien definidas. El cerebro es tan maravilloso que optimiza todos los recursos y evita el gasto de energía innecesario, se habitúa. Ese no es el problema, el problema es que aunque parezca extraño, el cerebro como estructura anatómica y fisiológica, no controla los pensamientos, esos requieren más de voluntad.

Romper un hábito es difícil (si no me creen, pregunten a las mojas, necesitan tijeras muy afiladas), pues de cierto modo se tienen que borrar los surcos que se han creado con los años y con el constante ir y venir de los pensamientos. El problema no es neurológico, tiene más que ver con una falta de ética y visión a futuro. El vato y la morrita piensan en el “ahorita”, no en el mañana.

Tenemos ante nosotros, la responsabilidad de enseñar a los jóvenes a razonar, a escuchar a su instinto, pero no a actuarlo, de ahí que me haya dado permiso de modificar la frase con la que inicié este escrito. No hay que hacer lo que quieras, sino lo mejor que puedas.

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