¿Quién no identifica a estos dos sujetos tan famosos en redes sociales? Sólo aquellos que no cuenten con un perfil activo en Facebook tienen permiso de ignorarlo. La verdad, es que Kevin y Brayan se han convertido en el estereotipo del vándalo, chico mediocre y golpeador de novias de nuestro México actual.

El Kevin y el Brayan rondan la edad de entre 16 y 21 años, abandonaron sus estudios, consumen algún tipo de droga, además del tradicional cigarro y alcohol. Kevin y Brayan se pasean en moto por los alrededores de la ciudad y en algunas ocasiones se dedican al hurto de oportunidad. Visten como cantante de música latina moderna y escuchan narcocorridos.

Psicológicamente se caracterizan por ser impulsivos y ejercer conductas de riesgo para ellos mismos y los demás. Tienen dificultad para expresar sentimientos, puntos de vista y opiniones y cuando se encuentran ante alguna situación estresante, normalmente huyen y culpan a los demás.

Su vida familiar es un desastre que ocultan en lo más profundo de su ser. Su resentimiento social se vuelve evidente a kilómetros, incluso antes de iniciar una conversación. Aunque sabemos que sufren, es muy difícil lidiar con ellos, pues raramente respetan a su interlocutor, y mucho menos, están dispuestos a hablar con él.

Si los Jedi o los Sith, existieran, el Kevin y el Brayan serían fáciles de seducir por el lado oscuro, no como Lords Sith, sino como sirvientes, pues debido a su historia familiar, necesitan un modelo negativo al que puedan idolatrar. El Kevin y el Brayan, difícilmente asumirán un rol de líder, aunque los demás se lo hayan asignado, pues le tienen pavor a la responsabilidad.  Su aparente seguridad y afán de autosuficiencia los sume en una ignorancia gravísima.

Las conversaciones de un Kevin o un Brayan son del tipo “¿no has pisteado?” o “saca las caguamas”, o una que otra vociferación de una de sus canciones favoritas interpretadas por sus “artistas” preferidos, generalmente un narcocorrido.

El Kevin y El Brayan son el reflejo de lo que se vive en su casa y en su entorno más próximo. Aunque, la culpa no es suya, difícilmente se harán responsables de su vida e intentarán cambiar su situación. El culpar a los demás se ha convertido en un refuerzo conductual que justifica su propio empuje mal encaminado.

No creo que debamos decir que “el Kevin” y “el Brayan” sean un cáncer; mejor dicho, el cáncer vive dentro de ellos, y al mismo tiempo, ellos viven dentro del cáncer. Kevin y Brayan son responsabilidad de unos padres que se mostraron ausentes, violentos y/o que fueron todo, menos padres. Así mismo, esos padres son resultado de un sistema político que se ha encargado de fragmentar el tejido social y ha abierto cada vez más las brechas sociales, culturales y políticas. Paradójicamente, culpar al gobierno, convertirá a esta sociedad en el Kevin o el Brayan talla titánica. La culpa depositada en el otro solo refuerza una actitud de víctima. La crítica, ya no basta con pensarla, es preciso criticar actuando. Si algo nos molesta y nos hiere todos los días, es porque no nos hemos atrevido a hacer las cosas de una forma distinta, como Kevin, como Brayan, como casi todos…

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