Cada quince días, más o menos, mi esposa y yo junto con Charly Colash, nuestro amigo y socio nos ponemos a trabajar en algo a lo que no nos dedicamos durante la semana: prendemos carbón, marinamos costillares, cocinamos y sobretodo atendemos a los comensales que poco a poco nos van conociendo y que pacientemente esperan a que lo que ofrecemos para comer esté listo y rico.

Cocinamos con higiene, dedicación y tiempo pero lo que más me gusta es que cada vez que activamos Carbonívoro me desconecto de las presiones cotidianas y me pongo a prender el carbón, a platicar con Charly, a reirme con Gaby y con mis hijos y a ponerles el ejemplo de que el dinero se gana trabajando con las manos, no sé por qué me sigo sintiendo culpable por ganarme la vida trabajando frente a un monitor, además, como lo he dicho con mucho orgullo: a los 11 años aprendí a hacer lumbre y discada cuando mi Padre me llevó a acompañarlo en sus cruzadas políticas.

Hacer esto todos los sábados sería muy desgastante debido a nuestras otras actividades. Hace años tomé la decisión de renunciar a la política, decepcionado igual que tu que me lees me retiré antes de destrozar mi vida pero eso no ha evitado que me siga indignando el triste panorama político actual. Me tatué, me dejé crecer las barbas y me aseguré de que nunca más me volvieran a dirigir la palabra los corruptos…y lo he logrado.

Mi Padre, quien desde pequeño me leía, platicaba y me llevaba a dormir hablando de política me enseñó también a trabajar con las manos, a lavar el coche familiar, a pintar cada verano las macetas de la casa y a limpiar el patio de la casa o el corral como su padre, proveniente de una familia de clase trabajadora de Ciénega de Flores, Nuevo León, le decía a ese lugar por el que ahora muchas y muchos de nosotros pagamos para que lo haga el jardinero ahora que los esquemas han cambiado: mamá y papá trabajan para poder sostener una familia y además debemos encontrar tiempo para convivir con los nuestros.

El hecho es que cocinar y atender a otros además de a familiares y amigos siempre me ha enriquecido y realmente lo disfruto, Gaby y yo fuimos meseros  en nuestros años de estudiantes y queremos que nuestros hijos vivan esa experiencia pronto, la semana pasada prepararon galletas (no sin ayuda y vigilancia de nuestra parte) las empacaron, prepararon su cartel y las vendieron a los comensales que se dieron cita en Escobedo y García Carrillo a partir de las 2 de la tarde y ganaron su primer dinero como pequeños empresarios.

Debo agregar que me apasiona la vocación por el exquisito arte de la atención y de la discreción de un verdadero Maestro como he conocido a pocos en estos años que me he dedicado a la cocina informal (saludos a Don Luis, El Capi y al mítico Madera).

Por eso no soy modesto, por eso sostengo la mirada, por eso corro por las mañanas con el pecho erguido, porque se trabajar y gano mi dinero sin lucrar, sin robar, sin abusar. Por eso sigo siendo mesero y cocinero, para que no se me olvide nunca que a este mundo venimos a trabajar, a servir, a aportar.

Mi abuela materna (la única que conocí) me dijo muchas verdades, algunas crudas, algunas crueles y algunas necesarias pero todas ellas motivadas por un profundo amor y fe en mí, entre aquellas frases que se quedaron incrustadas en mi memoria está una que no se me olvida: si no lo sabe hacer…no lo sabe mandar.

Esta época para mi es dificil ya que como analista y publicista digital especializado en manejo de marcas y política y como un actor retirado del escenario político me vuelvo a sentir decepcionado de los partidos políticos y del actuar de los maestros de la corrupción y de la farsa. La maldición de nuestro país es ser una nación con una riqueza y nobleza casi infinitas. Me encabrona y a la vez me emociona creer que podemos decidir cambiar las cosas.

Cada persona que va a Carbonívoro confía en nosotros y regresa… siempre regresa… quiero pensar que es por el trato, por el sabor, por hacerlos reír, o por una combinación de todo esto. Hace semanas a Gaby y a mi nos invitaron a platicar sobre la responsabilidad de ser padres informados en la Era Digital, sobre ser auténticos, sobre escoger bien y seguir nuestra vocación, hemos dado charlas en el Colegio Americano de Torreón, en los grupos juveniles de algunos colegios para jóvenes que cursan entre tercero de secundaria y primero de prepa, estamos invitados a charlar con un amplio grupo de guías Montessori en las siguientes semanas y en la Ibero Torreón daremos el Curso teórico práctico “Peligros y amenazas de la Era Digital” los sábados 12 y 26 de noviembre.

Confieso que nunca imaginé estar hablando con tantas y tantos jóvenes sobre los peligros y retos que enfrentarán en el futuro pero me siento culpable por no hacer más. Me siento halagado por la confianza que sus madres y padres han depositado en nosotros.

A los 11 años aprendí a hacer lumbre y discada para alimentar a los compañeros que acompañaban a mi papá en sus cruzadas políticas en el campo lagunero de Durango, a los 11 años empecé a respirar y a vivir la política, a partir de ahí he tenido una relación de amor y odio con ella, mientras yo veía a Porfirio Muñoz Ledo interpelando al Presidente de la República en televisión nacional a los 8 años muchos políticos actuales seguían jugando a las canicas.

Hoy…como ayer, la política es una basura pero a diferencia de antes ahora está más llena de bullshit que nunca. NUNCA HE ESTADO DE ACUERDO CON EL ESPANTOSO DICHO QUE ASEGURA QUE LA POLÍTICA ES EL ARTE DE COMER MIERDA SIN HACER GESTOS. La política si es un arte, lo que hacen los actuales es pura, simple, vulgar y barata grilla.

Veo a muchas y muchos sonrientes aspirantes que llegarán a un puesto público para no hacer nada y enriquecerse, los veo maquillados, cantando, andando en bici y tomándose selfies con sus seguidores para olvidarse de todos hasta la siguiente campaña…

Me encantaría ver a alguno de ellos vendiendo costillares de mil cerdas virgenes cocinadas a fuego lento en la calle sin guaruras ni acarreados pero créeme que no me daría confianza comer algo preparado por alguien que “come mierda” como oficio.

Que lástima votar por lo peor porque es lo que hay. El cambio empieza desde dentro y se contagia UNO POR UNO.

 

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