Pareciera una broma cósmica pero en este mundo hiperconectado realmente nadie está escuchando. Hoy mandamos señales de vida al mundo y según nosotros nos hacemos notar sin embargo la hiperconexión nos ha subrayado una realidad espantosa, ha puesto lo puntos sobre las íes, la hiperconexión nos ha mostrado una cruda realidad, nos encontramos solos, sin dioses ni mesías, sin medias naranjas ni ideales, nos enfrentamos día a día a la terrible realidad de existir sin un sentido, sin un motor.

Para algunos la religión, para otros la vanidad, para algunos el amor y en esta era de transparencia, en donde todo se muestra inmediato y pop hemos encontrado un solo producto, nuestra propia miseria.

Consumimos para llenar el vacío, como el glotón que con su insaciable apetito no deja de comer tratando de sobrellevar la frágil existencia de su sinsentido.

Creo que esto me deprime.

Me encuentro a veces al borde de la locura, antes bebía, antes fumaba, ahora que veo la verdad nada tiene importancia y tal vez ahí resida la respuesta al dilema, perder la fe, perderle el miedo a la rutina y a la estercolera vida, perderle el respeto a dios y al destino (si existiesen).

Creo que esto me encabrona.

Tener ganas de llorar y no poder parir al feto sanguinoliento de un sentimiento que no puede cuajar entre miserias y ansiedad. Eso es últimamente lo que siento.

Creo que esto me…

No tiene caso, a final de cuentas nadie entiende.

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