Ya no es lo mismo, ciertamente ya no es lo mismo. El cuerpo se siente más pesado, se sabe mucho más pesado, y es cierto, los años han pasado. Sin embargo la mente se afina, se hacen mucho más impresionantes los sentidos, el pensamiento viaja y así como viaja el pensamiento viaja el sentimiento.

Aquí, sentado en el sillón, sintiendo mis piernas cansadas, los pies dormidos, las botas que me aprietan, los brazos que quieren despegar, me doy cuenta de que poco a poco voy convirtiendome en un niño que está atrapado en el cuerpo de un hombre. Un ser joven que seguramente va a seguir siendo joven cuando el cuerpo colapse.

Bebo en sábado, bebo en sábado pensando en muchas cosas, lamentándome no tener la habilidad para tratar de poner todo lo que pienso en un lienzo. Por eso escribo. Por eso trato de escribir.

¿Quién dice que no se puede escribir cuando se es feliz?

Hoy escribo para mí, también para mis hijos. Para quien quiera leerme, escribo para ti, para mí, para ustedes, para nosotros. Yo, tú, él, nosotros, ustedes, ellos.

A nadie le interesan tus fantasmas, a nadie le interesan mis fantasmas. Tal vez lo importante sea cuestionarse a uno mismo. Siempre cuestionarse, siempre renegar de la zona de confort.

Es hora de descansar…

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