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Hoy a las 8 am regresé a una cabina radiofónica. Me inundó la nostalgia.

Hace muchos años, cuando era un adolescente fui invitado por primera vez a un programa radiofónico, el interlocutor fue mi querido maestro Miguel Hernández, a quien debo el haber practicado con gusto la ortografía (no creo que sea correcto referirse a buena o mala, mas bien se tiene o no se tiene… como la educación).

Años atrás había tenido el privilegio que pocos niños tienen al conocer a los 11 años los breves entretelones de una estación radiofónica, acompañaba a mi padre a una entrevista en el tiempo en que mi viejo se asumió como un noble Don Quijote: estaba en campaña.

Hoy, a invitación de Marcela Pámanes, volví a emocionarme al saber que alguien mas me escucha, quien haya estado al aire conoce este sentimiento, la emoción de experimentar una simbiosis mágica con el radioescucha, por eso la radio es tan amada y tan noble.

Media hora estuve compartiendo micrófonos con Marcela Pámanes, Diana Torres y Juan Ceballos. Media hora de gusto en la que estuvimos platicando de los políticos y sus redes sociales. Intercambiando puntos de vista críticos, como a mi me gusta.

La última vez que estuve en esa cabina fui disfrazado de político, parece que fue hace tanto. Hoy les platicaba fuera del aire que hace dos años me retiré de la política como actor pero nunca como analista, hay abusos y se cometen errores en ese “ecosistema” como me gusta llamarle, y he prometido nunca más quedarme callado.

Hace tiempo me hicieron una observación sobre mi faceta como locutor, el comentario dejó de ser constructivo y se convirtió en un insulto, “caes gordo” me dijeron y aunque dolió me puse a analizar que había hecho mal, y me hice una promesa, no ser copia de nadie aunque el precio fuera no volver a la radio nunca. Hoy, después de haber estado rodeado de gente respetuosa y profesional me quedo con el gusto de haber vivido nuevamente el hablarle al radioescucha con respeto, con conocimiento del tema y sobretodo asumiendo que quien se encuentra del otro lado de la bocina es un ser humano enterado, inteligente y participativo.

Hoy viví esa experiencia nuevamente y de manera fugaz y hoy por eso me siento muy contento.

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