Nunca los hemos preparado en mi casa en la cena de Navidad. Pero esa no es la única peculiaridad de mi navidad…

Hace casi 20 años conocí a mi esposa. 9 años después nos casamos, contra viento y marea. No fue fácil, nuestra vida no lo ha sido y por eso sabe tan bien escribirlo, porque hemos vivido casi de todo, ha habido alegrías e infelicidades pero este año ha sido de absoluto crecimiento. pero ese no es el punto, el chiste es que Gaby es judía y nuestro hijos también lo son. En la tradición judía los hijos de una mujer judía y de un padre no judío (como es nuestro caso) son judíos si se les hace el brit milah, si se les enseñan las tradiciones y los rezos, vaya si crecen en un ambiente judío serán reconocidos por su comunidad como tales.

Cuando tomamos la decisión lo hicimos aprovechando dos cosas importantes: que mi conocimiento sobre la religión judía era (por un gusto precoz por la teología, la filosofía, las religiones y una innata espiritualidad) mucho mayor que el de la religión de mis padres que son católicos pero puedo decir que aunque en casa se profesó la religión católica mi infancia mas bien estuvo marcada por una mezcla de laicismo católico (aunque el concepto sea contradictorio). Y el hecho de que mi mujer tiene una sólida formación judía y esto con el apoyo de su familia, fundamentalmente sus padres, contribuiría (como ha sido el caso) con la formación religiosa tan importante para el desarrollo de nuestros pequeños.

En lo personal considero que un sistema de creencias es necesario para el correcto desarrollo de la psique y para ejercitar la mas bella de las palabras: la esperanza. Creo que una religión que enseña el amor y el respeto a si mismo y a los demás, sea la que sea, es apropiada y correcta pero sobretodo respetable.

Y eso hemos tratado de enseñar a nuestros pequeños.

Es tanto así que hemos caído en un dilema interesante de creencias: Santa Claus.

¿Que les íbamos a decir a nuestros pequeños cuando Santa no les trajera regalo y recibieran en cambio regalos en los días de Hanukkah?

Tuvimos que tomar la decisión de respetar la creencia que prevalece en la mayor parte de la población lagunera y si, aunque nuestros pequeños no reciben regalos de Santa, si creen que el viejito bonachón y barbudo anda en nochebuena repartiendo regalos por todos lados, creo que la decepción al saber la verdad será similar a la mía cuando me enteré y a la de todos.

Pero no se sientan mal porque Santa no les regala, Hanukkah son ocho días de regalos, si, ¡ocho días!

En casa no ponemos pino de navidad, mucho menos nacimiento (los judíos creen en el antiguo testamento no en el nuevo) por ponerlo de manera práctica, no decoramos ni ponemos villancicos, pero no evitamos que nuestros pequeños los canten y vayan a posadas y convivan con todos sus compañeros sin distinción alguna por su creencia, raza, descendencia, etc.

Total, lo único que decidimos respetar y hacer prevalecer de mi vida como católico fue la cena de Navidad. Hace tres años preparo el pavo (la estrella de la cena) y mi hermana preparaba la pierna. Esta ocasión les pedí la oportunidad de, por primera vez, hacer todo yo. Es un reto pero mas que nada un gusto, porque vivo nuevamente TODA la Navidad en el hecho de cocinar y convivir con los míos.

Bueno, mi hermana menor se fué a L.A., mi hermanita que me sigue está en su casa con sus niñas (es una mujer increíble y muy trabajadora) y mi mami está enferma de la garganta reposando para no faltar mañana, vaya, no se pudo mi deseo de que estuvieran mis otras mujeres aquí y mi viejo escichando música, riendo y charlando mientras yo cocino, pero mañana aquí estarán y Pamela el 26 y la pasaremos de maravilla.

Termino platicándoles el menú:

Pavo al romero, he perfeccionado la receta y si es secreta pero se ve y sabe ¡de concurso!

Pierna mechada envuelta en tocino, al vino blanco.

Camarones rancheros (quienes me conocen y los han probado seguro sonrieron)

Molde de papas con jamón (algo tan simple pero tan exquisito…)

y la aportación de mi jefe cuando mi abuelita vivía (su suegra, y su amiga…) alubias charras, que me salen de no mames, disculpen mi francés.

Pay de limón que ahora sufrirá una transformación porque lo hará la prieta Gancz que es una pistola para los postres y será light lo prometo.

Esa es nuestra cena, muy tradicional y muy mexicana, o bueno, muy de nosotros. Será por primera vez en mi casa y como hace años, estarán mis suegros, mi cuñada, mi hermana y mis sobrinas y mi pequeño sobrino, mi clon, mi vieja y mis dos demonios.

Estoy muy feliz y muy agradecido por este año inolvidable en todos los aspectos, soy un tipo con suerte y he decidido seguir siendo feliz.

Gracias por leerme y ¡Feliz Navidad!

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