Soñó mucho aquella noche, recodaba casi todo y casi todo era un recuerdo vívido y tangible, como si realmente hubiera sucedido.

Despertó molesto, algo enfadado incluso, y le enfadaba sentirse así lo cual contribuía a su estado. Esperó oler el café pero en su lugar se encontró con que no podía percibir aroma, no recibió el olor de su habitación y tampoco detectó la presencia de alguien en el lugar, no sabía que tan importante era poder percibir fragancia alguna.

De repente trató de hablar y se sorprendió enmudecido, tratando de gritar abría ampliamente la boca y nada, ni un sonido, ni siquiera el mas ínfimo asomo de un grito, muchos menos que un zuzurro.

Bajó desesperado y ansioso, casi cae por las escaleras y era de esperarse; cuando alguien entra en pánico no pone atención en las acciones mas sencillas.

Al bajar volteó a la puerta principal de su casa, algo estaba cambiado, era diferente, sin embargo no sabía decir que era lo que estaba fuera de lugar.

Se abrió la puerta y entró su mujer. Vestía un maravilloso diseño de noche y se le veía feliz, estaba acompañada de otro hombre a quien abrazaba y besaba…era un hombre maduro, mas bien un opuesto por el que aquel sintió un profundo desagrado, quería acabar con el, quebrarle una costilla, romperle un brazo, mínimamente pegarle en la nariz y dejarle un ojo morado. Le lanzó un puñetazo.

En eso despertó, se dio cuenta que estaba soñando.

Y de inmediato surgió el dolor, tenía la nariz rota.

Y un ojo morado…

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