No recuerdo exactamente cuando o como fue que supe de Guillermo Cabrera Infante, lo que si se es que mi amigo Carlos Villarreal es la única persona que conozco que lo ha leído, incluso leyó hace años su obra mas conocida: “Tres tristes tigres”.

 

Recuerdo haber comprado en la feria del libro de Monterrey una de sus obras firmada con el seudónimo “G. Cain” que es una composición de su nombre y apellidos y que recoge una amplia colección de sus brillantes críticas cinematográficas. El libro se llama “Un oficio del siglo XX”.

 

Cabrera Infante fue, junto con Alejo Carpentier y el libertador José Martí, uno de los hombres imprescindibles de la literatura cubana, sin embargo “Caín” fue tratado como su tristemente célebre tocayo bíblico por el gobierno de Fidel que finalmente lo orilló al autoexilio en Londres, ciudad en la que viviría hasta el día de su muerte por una septicemia en 2005.

 

Asiduo fumador de puros, era difícil que consiguiera sus amados habanos “Trinidad” (que hoy se han vuelto a vender pero perdiendo su misticismo y calidad) y se conformaba con los de Don Gil (Dunhill) o los inalcanzables Davidoff. Al tabaco le escribió una obra maravillosa en lengua inglesa, que después reescribiría, que no traduciría, en español.

 

“Holy smoke” es publicada hoy en día para los hispanohablantes como “Puro humo”.

 

En la parte inicial nos relata que Don Rodrigo de Jerez fue el primer hombre que pisó tierra firme en la expedición de Colón que descubrió al (igual de viejo) nuevo mundo y ahí encontró a unos llamados hombres chimenea (cuantos apodos y sobrenombres hemos tenido que aguantar por este hábito quienes fumamos, todo sea por querer lucir como galán de film noir) porque chupaban del extremo de un envoltorio encendido por la punta su producto y lo soplaban transmutado en humo. 

 

Don Rodrigo agarró el vicio y se fumó 7 años encarcelado por la Santa Inquisición, Cabrera sostiene que murió en la hoguera convertido en un “puro” humano.

 

En el libro habla sobre la historia del tabaco, sin embargo menosprecia al cigarrillo, al que encuentra insulso y lleno de químicos, por el tradicional color de su boquilla el cigarrillo está hecho para las mujeres, para que combinara con el color de sus labios y el puro grande y robusto para los caballeros, como si de repente portáramos en las bocas una representación genital, eso si, cada quien en su género (Freud, fumador empedernido sostenía que un puro es, a veces, simplemente un puro). Y tal vez si, yo he fumado puros, pipas, cigarrillos, tabaco mascado, pipas de agua, y la experiencia mas agradable que he tenido con el tabaco ha sido un Cohiba Espléndido, creo que nadie, excepto Bill Clinton, ha disfrutado mas un puro.

 

Los hay de diferentes vitolas, y, contrario a la creencia popular, la vitola no es el anillo de papel que tiene la marca sino la forma y tamaño del puro, tal vez la vitola mas famosa es la conocida como Churchill, en honor al político británico y fantástico orador que fue Primer Ministro de Gran Bretaña durante la Segunda Guerra Mundial. 

 

No se sabe con exactitud como nació la vitola Churchill, lo cierto es que Winston era guapo para tomar y fumar y este comportamiento no caía muy bien a ciertos personajes de la política inglesa como Nancy Astor, quien fuera la primera mujer dentro de parlamento inglés. Se dice que varias veces ambos personajes se dedicaron frases “de mala leche” (o de buen ginebra en el caso de el, ella era abstemia) producto de sus personalidades chocantes, su ágil ingenio y sus lenguas mordaces.

 

Se cuenta que durante una cena Sir Winston se sienta al lado de la Astor y ella con desdén, al ver que enciende su puro y que toma un sorbo a una copa con cognac, valiendole madre pura le dijo:  “Si yo fuera su esposa le pondría veneno a su copa” a lo que el rollizo británico contestó “y si yo fuera su esposo… ¡me la tomaría!”…hic…

 

A mi no me engañan, en otro tiempo esos dos hubieran terminado en un affair mítico, de esos que se dan en las telenovelas mexicanas mas popof. Sin embargo Nancy Astor estaba casada con un hombre de nombre extravagante pero de alcurnia, no se que tan rancia…Waldorf Astor.

 

Waldorf como Nancy habían nacido en los Estados Unidos de Norteamérica, tenían la misma edad, habían llegado desde muy jóvenes llevados por sus padres a Inglaterra y se habían convertido en ciudadanos británicos, es mas hasta habían nacido el mismo día y al parecer los dos tenían ideas afines, ambos se escandalizaban con los liberales y sus comportamientos inadecuados y corrían a cualquiera que pusiera regaetton en sus pachangas (y no los juzgo).

 

Waldorf era miembro de la conocida familia Astor de Nueva York, familia que construyó en un predio en donde hoy se erige el famoso Empire State y que para rellenar el espacio entre dos de sus casas y de paso hacer un negocito construyeron un hotel cuyo nombre es símbolo de elegancia y distinción en el mundo mundial, el Waldorf Astoria.

 

Hasta antes de la inauguración y puesta en marcha de este hotel el concepto de “servicio a cuartos” era algo diferente…no existía como tal. En todo caso el único servicio que se brindaba a una habitación era, tal vez, uno de dudosa moral y que pondría el Jesús en la boca de doña Nancy. Con este plus en el servicio ofrecido a sus huéspedes, el Waldorf Astoria se convirtió en un ícono, ícono que fue comprado por la cadena de hoteles Hilton en 1949.

 

Muchos años he acariciado la idea de ir al Waldorf Astoria en Nueva York y dejarme consentir por su room service pero me conformo con que a donde vaya me ofrezcan un pan con mantequilla, que no esté rancia…

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